AC/DC, Candidato al Nobel de Literatura

 

El premio Nobel de literatura 2016 fue a dar a las manos del cantautor Bob Dylan. La decisión tuvo índole de declaración de principios, buscó afirmar un concepto, el que la canción es un género literario. Hay quien interpretó el acto de los suecazos como la concreción, o aún mejor, la formalización, de la condición postmoderna que flota en el aire, y algunos soñaron con que el siguiente nobel fuera un graffitero, luego un autor de comics etc. Tememos que la revolución es mucho más limitada; los sesenteros hippies que ahora son los jefes del Comité, se mandaron una por fuera con cierta nostalgia. En ese sentido dudamos que se repita en el futuro y tengamos una discoteca amplia de premios Nobel de literatura.

Una vez abierta la puerta sin embargo los fans de tal o tal músico pueden abogar legítimamente por sus (en su faceta de) escritores favoritos. No hay ninguna razón para pensar que AC/DC no puede competir legítimamente al nobel de literatura, o Juan Gabriel.

Oh Juan Gabriel… El momento en que el cantante/narrador expresa la frase “hasta que te conocí…” el crescendo de la música y de la historia contada que se complementan perfectamente en lo musical y en lo literario, es una de las cúspides de la literatura latinoamericana https://www.youtube.com/watch?v=ga5Bo4YdgH4.

Una persona de opiniones miopes y trilladas como Mario Vargas Llosa solo pudo decir del premio Nobel a Bob Dylan que era “una manifestación de esa frivolización de la cultura en nuestro tiempo”. El nobel peruano era desde luego un gran novelista (hace como 20 años que sus libros se volvieron tediosos y cebados de giros tópicos), pero nunca mostró mayor profundidad filosófica. No es una sorpresa que no pueda vislumbrar los calados epistemológicos que conlleva el galardón 2016.

Pensar las canciones como género literario implica un salto epistémico mayúsculo pues la música debe ser analizada como recurso literario. Desde luego, lo literario de Dylan está en su música. Las letras de una canción sin música son nada, incluidas las de Bob Dylan. Woody Allen ya se burló de sus letras en Annie Hall, una escena que con el nobel se hará clásica.
https://www.youtube.com/watch?v=NGvjTEB1K-g.

También John Lennon, curiosamente, explica en el video siguiente a un fanático que sus letras no significan nada especialmente profundo, que son cambalaches serendipíticos de palabras; y dice “todos hacemos eso, Dylan hace lo mismo”. https://www.youtube.com/watch?v=Ei8YcZZ1Nwo

Lo fascinante entonces es analizar el valor literario de la música. Hay sonidos hechos con intención literaria, con intención de escenificar, dentro de un constructo literario. El cine hace uso todo el tiempo de este recurso, ciertos aires y ritmos anuncian al público terror, tristeza, alegría, son parte integrante de la narración. En un capítulo de los Simpons, Homero está viendo una película con Marge y exclama “ese hombre es malo, muy malo, solo escucha la música!” Hay músicas, tonadas, entonces que son adjetivos, que describen y califican. De eso se trata: la música metaforiza y escenifica.

En la canción, esa género literario hibrido, la música genera en el alma «emociones narrativas». La letra sin la música pierde su sentido literario. Pero sin la letra sería solo música, no literatura. La música esta entretejida con las letras, que solas son planas, y sin las letras solo es música. Pero juntas logran cristalizar una historia, un ambiente, un mundo en la cabeza del oyente.

Para ejemplificar esto mejor que mil palabras examinemos una canción. Lo bueno de analizar géneros literarios híbridos es que debe cortarse la palabrería. Veamos un ejemplo del eterno candidato al premio nobel, AC/DC, esa canción sin duda bastante misógina (como son sectores del alma masculina), y que describe la primera experiencia sexual de una mujer. Squealer se llama. Sigan la letra y música en su entretejido.

Música: https://www.youtube.com/watch?v=dVN0Ucqq2xM

Letra: http://www.traducidas.com.ar/letras/acdc/squealer

La canción describe la escena de una mujer entregándose a un hombre por primera vez. Una situación arquetípica de la vida humana. Están a solas, hay tensión sexual, hay avances y resistencias, hay deslizamiento y disyuntiva… el imperioso deseo toma posesión y se rompen los diques. El sexo desenfrenado, ese fenómeno tan misterioso, subyuga a la pareja. Son dos momentos muy marcados, el de la tensión (retención) sexual y el del arrebato. Es la oposición de momentos (en el sentido hegeliano) más común de la vida humana, y esta canción mítica de AC/DC retrata el proceso dialéctico de manera magistral.

Pero lo interesante es que no es una cuestión de las letras. En las letras el narrador cuenta, sí, ese sexo que sucedió. Pero son letras simples e inmediatas, tanto, que no serían literarias como texto escrito. Sin la música. Es la música las que les infunde su literatureidad, aunque suene extraño para mentes que no dimensionan los alcances del premio nobel 2016 y, más aun, de la literatura. En el género literario “canción” la música es recurso literario, la música es literatura. Y Squealer es un ejemplo paradigmático.

Leída en un papel, la letra de Squealer sería palabrería erótica elemental y sosa, versos de baño de bar o de aula de escuela secundaria. Pero son transformadas en auténtica poesía por la música. Es una transformación ontológica, como Pinocho convirtiéndose en un niño, seguía siendo de madera, pero estaba vivo. Así las palabras que narra la voz de punk aguardientoso de Bon Scott. Siguen siendo palabras rasas pero la punteada del bajo describiendo la tensión sexual del ambiente y luego, el solo de guitarra vertiendo la liberación de la entrega sexual encarnan con tal realismo e intensidad los dos momentos dialécticos vividos por la pareja, que ya no son ramplonas, son perfectas en su sobriedad.

Pues decodifican la escena en lenguaje humano, con elegancia, pero la verdadera narración, el despliegue de la escena literaria está a cargo de la música. Pueden casi palparse la tensión sexual del ambiente previo, en esas notas del bajo y batería avanzando, avanzando jaladas por la cavernosa sensual voz, entre periódicas descargas de guitarra, que enfatizan la tensión, cortándola como con un cuchillo, se diría. Y asimismo los retozos de cuerpos en el solo de guitarra, puede imaginarse el ímpetu, puede verse el despliegue de creatividad inconsciente que es el sexo suelto en plaza, todo lo explica, describe, evoca, el solo de Angus Young en su guitarra.

Sigan la letra y música en su entretejido y entenderán a qué nos referimos.

Una de las cosas más inexplicables del arte contemporáneo es cómo ACDC descuidó las letras tras la muerte de Bon Scott. No hay nada de misterioso: Bon Scott escribía las letras. Pero en el sentido de cómo no pudieron darse cuenta que estaban haciendo gran literatura, y encontrar un letrista para el componente palabras del ejercicio. Ahora hacen buena música pero no buena literatura.

Otras obras recomendables de este grupo de escritores son:

“Problem Child” https://www.youtube.com/watch?v=__bOEU_XUBw. Esta pieza explica, expone, hace vivir, (¿cómo llamar de lo que se trata la literatura?) el fenómeno (tan universal y agudo) del problem child.

“Ain’t no fun waiting round to be a millionaire” https://www.youtube.com/watch?v=5jAuG1udwccSobre el problema, arquetípico de cierta clase de humanos, de tener que ganarse la vida siendo artista.

“Ride on” https://www.youtube.com/watch?v=yolhf-14ECk Sobre la vida como fracaso.

“Night Prowler” https://www.youtube.com/watch?v=uMCjCv4_MJc El que el asesino en serie Richard Ramírez lo llevara en su Walkman y pusiera play a “Night prowler” a la hora de cometer sus crímenes habla (de forma perversa pero legítima científicamente) de la intensidad poética de esta pieza literaria.

 

 

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