Lo que fue Fidel

Murió Fidel Castro y consideramos importante un análisis mínimo de lo que significó para América Latina este personaje impresionante.

Adelantemos que para nosotros el proceso tiene partes sublimes y atroces inevitablemente entretejidas, lo que hace difícil una apreciación en bloque, sea aval o condena. Implica una suerte de aporía emocional, y quizás todos los procesos políticos extraordinarios tienen esta naturaleza doble. Los que vivieron bajo la ola que vino de la Bastilla a Napoleón deben haber sentido similares laberintos.

Desde luego para mucha gente no es tan difícil: aman u odian a la revolución cubana y a Fidel con un sentimiento de superioridad moral e incluso de deber cumplido. La realidad es tan rápida que tampoco podemos criticarlos por eso: la acción cotidiana implica toma de posiciones y puede juzgarse que no hay tiempo de matizar ¡ante el peligro!, cualquiera que sea este en la cabeza de distintas posiciones políticas.

En Vida Secada Al SOL queremos darnos el lujo de la distancia y la objetividad crítica, algo que podemos pues no somos más que otra torre de marfil virtual, pero además pues creemos que mientras más sofisticados y multidimensionales sean los juicios de valor político, más fácil será en el futuro conciliar y encontrar puntos en común entre las perspectivas.

La revolución cubana es la concreción ideológica más influyente sucedida en el continente desde las independencias. Aparte de inflamar el mundo con intentos de réplica y significar el único modelo distinto real en América Latina durante décadas, con su papel en la caída del Apartheid, la Cuba de Fidel escribió quizás la página más importante jamás jugada por América Latina en la historia mundial. Cuando Nelson Mandela liberado viajó por primera vez fuera de África lo hizo a Cuba, como un homenaje. Había escrito desde la cárcel que la batalla de Cuito Cuanavale fue “el punto de inflexión para el fin del Apartheid”.

La revolución cubana, y en especial sus dos colosos simbólicos, Fidel y el Ché Guevara, modelaron la psicología política, el imaginario cultural y en últimas la identidad de una mayoría de latinoamericanos. Para orgullo o para indignación fueron lo que somos, eso produjimos, esos son los frutos de nuestra cosmovisión. Hay otros claro, pero no hay duda que este fue mayúsculo.

En este sentido y como primera premisa de una evaluación hay que decir que la revolución cubana como todo acontecimiento histórico magno juega en dos planos distintos, el simbólico y el tangible. Los logros y criterios de valor en ambos planos no necesariamente se corresponden e incluso se hacen uno a costa del otro.

Una segunda premisa es que como acontecimiento histórico de larga duración no es epistemológicamente sensato juzgar a Fidel sobre lo que advino (en los 70s, en los 80s, en los 90s, etc.) sin tomar en cuenta las circunstancias en las que se dio (en los 50/60s). Tampoco puede obviarse las circunstancias de guerra en que se desenvolvió siempre y que marcaron las limitaciones y la personalidad del proceso y las decisiones de sus líderes.

Esto no excusa los crímenes, testarudeces y depravaciones, pero es un hecho que la Revolución y Fidel terminaron siendo lo que circunstancias muy poderosamente hostiles les dejaron ser. Estar bajo el acoso de gigantes tiene influencia en la intensidad de los logros y a su vez corrompe pues termina siendo la perfecta excusa para la indolencia, el autoritarismo y el facilismo. Al construir en guerra todas las victorias son pírricas, frente a lo que hubiera podido ser en paz.

Se deriva que juzgar la autocracia de Fidel en términos morales solo puede hacerse desde un plano que llamaríamos a-maquiavélico. El maquiavelismo cabalmente entendido no es una teoría o una filosofía: es una fuerza de la naturaleza. De la naturaleza del poder. “Príncipe” que no lo cultive no podrá mantenerse ni su proyecto dar frutos. El mundo en que floreció la revolución cubana era maquiavélico y lo sigue siendo para mucha mente que no cree en verdad en la democracia, encarnaciones como Trump o Uribe o Putin.

Ninguna de estas consideraciones absuelve a Fidel. Primero, quizás anacrónicamente, pero queremos un mundo post-maquiavelismo, el ideal es domar esa naturaleza del poder así como queremos domar el instinto sexual para erradicar la violación como opción o la economía de intercambio mercantil (otro instinto) para que el abuso ciego desaparezca. Pero incluso en un mundo maquiavélico, así como hay una diferencia neta entre Trump y Obama, en ciertos márgenes que ni quiso contemplar, Fidel pudo haber sido otro Fidel.

Fidel eligió la dureza y la inclemencia sistemáticamente lo cual no era la promesa de una revolución que hablaba en nombre de las más finas tradiciones del humanismo latinoamericano. Tal como se dio como fenómeno histórico y como millones de cubanos y latinoamericanos lo creyeron e intentaron construir, por generaciones.

Y si bien este patrimonio cultural salvó a Cuba de convertirse en Norcorea o en Albania, siendo que aplicaba la misma receta, la preferencia por la insensibilidad y lo lapidario de Fidel y el fidelismo obligaron a mil timos y patrañas de justificación y a procedimientos de asfixia constante a la creatividad y la espontaneidad.

El espíritu de la revolución era cada vez más inconsistente con los valores que propugnaba, e incluso los logros en desarrollo humano institucional que iba teniendo. Fidel no sabía ceder, justificado por el maquiavelismo ambiente, y terminó pudriendo una buena cantidad de pétalos de la flor.

Así nos acostumbramos a convivir con la podredumbre de los enveses en nombre de la belleza neurálgica de sus adaxiales. (Sonamos a Lezama Lima). Veamos pues las dimensiones de la aporía:

La revolución cubana tiene dos joyas que han deslumbrado, urbi et orbi, como decían los romanos, que nos dejaron la locución para colorear frases. La primera a todo quien tenga algún nivel de consciencia de lo que son las relaciones entre humanos a escala planeta Tierra, es decir las relaciones internacionales. Tal como se dio la Historia, en un proceso que inicia oficialmente al tropezar Colón contra la isla de Guanahaní, los grupos humanos herederos de la cultura Europa lideraron un proceso de expansión, explotación y sometimiento sobre el resto, comúnmente llamado colonización e imperialismo.

Es una larga discusión establecer qué tanto el mundo hoy participa aun de esa estructura, sobre todo qué tanto esa dominación se ejerce aun mediante la violencia, el engaño. Pero lo que es un caso es que en los años cincuenta el sistema estaba perfectamente vigente y aceitado y el comúnmente llamado Tercer Mundo, países periféricos como Cuba, eran exactamente los vasallos.

Al costo de prácticamente provocar una guerra nuclear y penurias incesantes Cuba se sacudió el dominio de los Estados Unidos exitosamente por décadas. La excepcionalidad de este proceso hizo a la Cuba de Fidel un mito, un mensaje simbólico, un proceder que guíe las aspiraciones de los hombres, como la imagen de una estrella.

La imagen del Ché Guevara en boina es reproducida en todos los rincones del planeta, sin que la mayoría conozca los detalles del proceso cubano o incluso lo identifique. Es el símbolo internacional de la lucha por las causas justas, como un esqueleto es la del peligro y tres flechas en círculo el del reciclaje.

Para los latinoamericanos que crecimos tras este proceso histórico, se convirtió en un referente de nuestra identidad, la prueba de que somos valientes, brillantes y capaces de trazar nuestros propios caminos. Esta sensación es suprema, impagable y ha significado para muchos (latinoamericanos que están fuera de Cuba sobre todo) un apoyo incondicional e irrevocable. Porque eso lo logró Fidel, su tesón y su locura.

La segunda joya es que el proceso de ingeniería social más exitoso de la historia latinoamericana ha sido el cubano. Su sola performance en las olimpiadas, en el control de los huracanes, muestra que algo sorprendente se logró en la isla en términos de coordinación, logística y administración. Los indicadores y métodos inclusivos de salud, educación, nutrición, son ejemplo de libro de texto para organismos técnicos internacionales.

Es un sistema que resolvió nuestros problemas básicos, los agudos, los atroces. Quien no se da cuenta es porque no ha convivido con los pobres y los discriminados. Bien o mal pero los resolvió para todos los ciudadanos, para todos. Somos la región más desigual del mundo, es una verdad estadística de Perogrullo, ese es nuestro problema básico, agudo, y atroz.

Y estos logros de la revolución trajeron felicidad, pura y utilitarista felicidad a la cotidianidad familiar. Por ejemplo el niño de la calle pidiendo limosna, esa estampa tan latinoamericana, tan de la inclemencia de nuestras ciudades, y que compendia nuestro fracaso elemental como sociedad, desapareció de Cuba, en verdad. Los niños de la calle son niños ferales, la jungla de concreto es más que una metáfora. Constituyen una paradoja: sus individuos siempre están al borde de la sobrevivencia pero florecen como especie, pues el ecosistema culturoeconómico los crea de continuo. Son cuarenta millones, calculan, los niños en extrema vulnerabilidad en el continente, casi el 7% del total de la población. Pero ninguno de ellos es cubano.

Lamentablemente, estas joyas estaban sostenidas en una corona de mierda.

En cualquier proceso político siempre va a surgir gente opositora. Por razones diabólicas, unos, por espíritu negativo o gandul, otros, algunos por naturaleza escéptica o incomprensión, pero la mayoría por honesta discrepancia. La manera como una revolución administra esta natural reacción, es el mayor indicio de su sanidad (mental) interna. El sistema cubano no pudo escapar al fascismo corporativista, es decir al abuso judicial, la arbitrariedad, el espionaje y la soplonería ciudadana, el acoso, la prisión y por último la tortura en variadas formas, como método de manejo de la discrepancia. Solo esto ya lo hace intolerable. Se dirá que fue por el acorralamiento enemigo, puede ser, pero emponzoñó el corazón mismo de lo que significaba la lucha.

Sumando a este autoritarismo asfixiante la fuente de amargura que puede significar una economía siempre escasa en bienes y en particular de bienes de consumo, como es por naturaleza una economía íntegramente planificada, no es de sorprender el inmenso ejército (activo y de reserva) de balseros y jineteras. ¿Pues quién ha dicho que las necesidades del humano son solo escuela-medicina-comida? ¿Por qué vivir en esa pobreza de bienes de consumo? Son básicos para una vida equilibrada. Pero así sean los más superfluos, los bienes de posesión privada son psicológicamente cruciales pues dan a las personas sensación de individualidad.

Puede discutirse, moral e intelectualmente, esta tendencia humana. Cuestionarla en nombre de todo lo que realmente hace intensa la vida: la fraternidad, la comunidad, el amor entre humanos, etc. y por otro lado el arte, la ciencia, la filosofía, etc. Efectivamente, y en nombre de todo eso se hizo también la revolución cubana, y se giró al socialismo. Y eso es lo que vaticinó Marx como estado comunista, en el que los valores groseros del consumo, la acumulación y sueños burgueses son reemplazados por flujos de arte, intereses investigativos, desinterés en la relación con los otros, superando la alienación esencial del capitalismo. (Al menos así entendí yo los Manuscritos económico-filosóficos)

Pero para tal sociedad superior se necesitan dos cosas: ausencia de corrupción, y eso es imposible entre humanos, al menos los hasta hoy. La corrupción, visible, sistémica, mata cualquier deseo de amor fraternal, de sacrificio por el prójimo. Y Cuba está infestada; corrupción política que es de la peor clase, en que la gente del partido, de los comités de defensa de la revolución, etcétera, acomodan a su antojo.

Por otro lado se necesita libre flujo de las ideas. ¿Cómo van a tenerse vidas artísticas o de reflexión, si no se puede expresar la mitad o más de lo que se piensa, si la mitad o más de los libros de creadores de ideas mundiales son censurados o no se consiguen, como si fueran drogas? ¿Quiénes van a querer ser intelectual si eso implica volverse una pantomima de sí mismo, ser un burócrata estatal, manteniendo las conjeturas y maquinaciones en márgenes estrechos? ¿O ser un apestado, cuando no un perseguido? Quizás Cuba no era así al comienzo, pero en ese túnel se fue convirtiendo. Así lo quiso Fidel.

El fantasma de Reinaldo Arenas ha rondado curiosamente estos días de homenajes y diatribas sobre el hombre más importante de la historia de América Latina en el siglo XX. Ya anocheció, y el testimonio del trato que reservaba la revolución al artista por antonomasia, al marginal, al especial, al creativo, al vital, al cuestionador, en suma todo lo que hace avanzar la inteligencia humana, coagula ese lado tenebroso de la revolución que no quisimos ver, deslumbrados por nuestros superhéroes vengadores y machos.

En Vida Secada Al SOL somos tan nietos de Fidel como cualquier latinoamericano, y como tales no podremos dejar de tener un sentimiento de respeto, y en momentos, de amor por su figura. Y como tal hemos tomado con emoción la flor (que asimismo comenzó a podrirse) hija de la revolución cubana, el llamado socialismo del Siglo XXI, o Bolivariano, para ponerlo en términos de Hugo.

Pero estamos seguros que cosas como la Antología de la Literatura Troll o este simple artículo de opinión, nos hubieran valido enredos y si porfiábamos, enredos de la peor especie, en la Cuba fidelista.

Ya era hora de morir, abuelo. Larga vida a la memoria del abuelo.

 

Por Alejandro Carnero

 

4 pensamientos en “Lo que fue Fidel

  1. IBRAHIM YOUNOUSSA

    Este es el primer escrito que he leido hasta el final sobre Fidel y la revolucion cubana despues de la muerte del Commandante. No pude soportar lo que se decia en los demas porque he vivido parte de la historia y realidad cubana desde dentro. Me quito el sombrero! GENIAL!

    Responder
  2. Christian

    Otra manera de evaluar a Fidel: si uno tuviera que reencarnarse al azar en un pais de latinoamerica, teniendo en cuenta la desigualdad y discriminacion que afecta a los millones que no tuvieron la suerte de nacer con piel clara en barrios de clase media, en que lugar de la lista estaria Cuba? Si se lo piensa bien, en Cuba es poco probable tener plata y hay muchas oportunidades que no existen, pero muchos indigenas marginados o residentes de favelas en otros paises del continente dirian que hay peores destinos que la falta de internet de alta velocidad. Claro que los errores del modelo cubano no se limitan a carencias materiales de ese tipo, pero en mi lista imaginaria yo pondria a Cuba cerca del primer lugar.

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *