Poemario: Des(c)ierto – Julio Barco

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El desplazamiento físico del protagonista, nos obliga, de cierta forma, a colocar la significación más allá de la ficción, la introducción de la fuga hacia aspectos prácticos, como cargar el celular, nos instala en una perspectiva ambigua entre referencias de ficción y no ficción.

Apenas terminé este texto, me reconocí en un acto físico propio de respirar hondo, la impresión no sería abarcadora como un road movie a la manera de Jack Kerouac; que sería como simplificar, sino en viaje por la intensidad del ímpetu de las palabras, un escritor que no le tiene miedo a componer su poética con elementos de una realidad que se desboca y revela la naturaleza del simulacro respecto a una escritura “natural”, tras la cual se expresa una efusión por romper con estructuras en una búsqueda de voz poética que no hay duda que quiere desarrollar el “yo”, ese “yo” que se da a conocer, en sus facetas al desnudo.

Sin dudas, toda reflexión sobre esta poética es atravesada por una atmósfera amorosa y una escritura perversa de la cual es difícil sustraerse, al terminar de leer, tuve la impresión de haber atravesado un tifón, e incluso de haber perdido mi propio lenguaje en el proceso.

Ana Abregú.

(lea el texto completo aquí)

UN VIAJE BAJO EL SOL: PELIGRO Y LIBERTAD

Abril del 2020: «…mientras salgo de la ciudad, extrañando todo lo que significaba ser y vivir ahí dentro(…) materialicé este sueño, donde me enrosco por calles que son Trujillo, y todo el Norte es un verso que plasmo entre los sentimientos encontrados dentro de mi nuevo latido…»

Abordar este fragmento es uno de los  ingresos al libro del escritor peruano Julio Barco en la que revela  cómo fragúa la idea de Des(c)ierto. Hacer del autostop, Lima- Trujillo – Chiclayo, fulgurar un explosivo fuero interno cuya historia es precisamente esa: la de un hombre que te sumerge en la cuestión que lo sacude, tanto como lo oscila, ¿oíste tu voz dentro de todas las voces?

Agudo y crepitante, preciso en su crudeza, le desvela un socavante  trance interno a Julio Barco.  De escarbar su pasado, sostener su presente, posibilidad de tomar su futuro y desvarar la miserable sospecha «¡qué angustia poseer, qué temor vencer!», extenderse paso a la necesaria decisión de abrirse de pares al viaje de vida, vida que es directamente embestida en la caja resonante, que es raíz de todo hombre meditabundo, y lo hace vacilar, encontrarse con su verdadero escribir.

«Esto es alejarse de casa buscando un sueño que inevitablemente destroza tu vida», pone al lector la más cercana disposición del exorcismo personal directamente atribuible a empatizar con la acanallada naturaleza de vida: sobrevivir a su juventud.

«Ya no soy quién era y nunca seré quién fui», declara Julio Barco,  lo cual hace presagiar que las sensaciones humanas son  lazos compartidos , incluso sin haberlas vivido. Pienso «cuando el sentido de vida aguijonéa y cada latido andante le hiciera frente a los síntomas de deslealtades internas, nos nacería más agallas y menos excusas para hacernos uno con la naturaleza externa».  Por lo mismo, cuando un libro nace en travesía, emerge al autor descubrir cómo el desierto (o páramo) puede tener una atracción tan fuerte sobre algunas personas, la posibilidad de presenciar el trayecto en primera persona, darle rostro y voz a personajes que parecen interactuar con uno; personajes cuyos rostros pueden ser trágicos como su espíritu reflejar todo lo contrario. El traspaso de la sensación expansiva, casi vertiginosa, comunicando deleite a espacio abierto, aire fresco, sol brillante y los ojos fijos siempre al norte. O la germinación de lo cierto, lo verdadero, en sus más íntimas líneas de tinta consumiendo el papel donde un tropiezo significa la pausa de un pensamiento.

Don Borges afirmaba  que un  libro era capaz de arribar la más insondable hendedura de la mente y el delirio, rebasando en maravilla toda extensión humana: la exploración de la tierra,  la vida y a sí mismo.

Des(c)ierto reconoce a su escritor bajo el idealismo ingenuo peregrino pero atrevido, como también sabe que un psicoanálisis descarado del impulso de vivir peligrosamente en la naturaleza y naturaleza literaria, puede perderse como ganarse algo importante. Esa determinación no solo es buena para la historia en sí, sino que alienta a los leyentes a enfrentar problemas que estamos dispuestos a sentimentalizar: perder la inclinación por una seguridad monótona y adoptar un estilo de vida desinteresado que primero puede parecerle descabellado, hacernos sentir incómodamente conscientes de nuestro apego a las comodidades esclavizantes.

«… siempre seré eterno verano, fuerza e inteligencia desbordando la oscura noche», intensidad que describe deseos de vivir crepitante, fúlgido, como girasol que vive por el ciclo del día y la noche. Y esta, a su vez, va marcado siempre por el sol. Lo cual hace preguntarse, sencillamente para esclarecerse al llamado del camino abierto:  ¿qué significa «matar al ser falso dentro y concluir victoriosamente lo espiritual»?

Hallie Hessen Cáceres
16 May 2020

 

La trashumancia del último ángel

No todo ángel es terrible, hay ángeles que combaten el tedio bajando a pleamar para limpiar sus alas con el viento que acontece en el desierto.

Cuando el sol se decide por buscar cómplices, escoge a los seres que han ido perdiendo peso, destruyen la gravedad y se alimentan de palabras rotas. Todo el alimento de Julio Barco, viene de los miles de movimientos de rotación y traslación del planeta alrededor de los astros cuando enloquecen   por el tumulto extraño que causa el amor en sus vertebras.

He aquí un poeta nacido en el Trópico de Leo. Su casa solar esta incendiada y arde ante nuestros ojos. Es nuestra responsabilidad atestiguar este fabuloso espectáculo peruano del Perú.

Ningún teorema de Veràstegui podía imaginar este fuego que cambia de rumbo los anillos de los nibelungos y se encrespa como gallo viril y adrenalínico. Esta es la lucha de Julio contra su tiempo, su poesía nos invita a ser  testigos de su fuego.

Julia Wong, 18 de Mayo 2020

En este nuevo libro se ve una especie de mejora, más que eso una maduración de su poesía. Su camino aún no tiene fronteras. Esto no quiere decir que su libro anterior como «Arder» sea malo, al contrario son muy buenos. Pero, en esta publicación de Julio Barco se observa un aire fresco  que permite evolucionar a otro ser vivo que devora y escribe poesía. Es posible que esta maduración se deba al crecimiento del autor, las lecturas, amistades, familias, experiencias personales y su último viaje al norte peruano (Lima-Trujillo-Chiclayo) realizado este verano del año 2020.

En este poemario como en toda su obra poética se incluyen temáticas cotidianas como calles, amigos, Internet, Word, PDF’S, tiendas, centros comerciales, el mismo coronavirus entre otros.Tambien se incluyen ese tono poético con una tendencia a construir un nuevo horizonte en la poesía.Además se nota un tinte de preocupación social en su obra, sobre todo en este reciente libro de Julio Barco.Esta es mi conclusión.

Alex Junior CHang Yerena  (Reseña Completa click aquí)

Acabo de leer este libro del poeta Julio Barco,y me ha causado una grata impresión.Si bien estan presentes los elementos que conforman su voz siempre,cómo la búsqueda de un ritmo trepidante,la organización caótica,lo cotidiano hasta lo pueril de la vida en la urbe,la sensibilidad exacerbada,calles, flores, carreteras,Vía Evitamiento,anotaciones demasiado subjetivas de una visión depresiva,la rutina y el gran tema del amor. A pesar de todo ello que es lo que siempre ha estado en su trabajo, diría que está vez estamos ante un poemario de viaje, de abandono de la ciudad y su rutina a un Norte que es también el Norte trujillano,con la compañía de Vallejo,pero que es el Norte de la poesía como única esperanza en medio de la celebración de la luz y la angustia.Una marcada influencia del poeta mexicano David Meza. Mención a parte la serie de poemas iniciales,el poema titulado A todos los vivos y el poema Watanabe.Barco sigue buscando desesperadamente y haya muchas veces aciertos en su voz.Recomiendo su lectura.
«Yo sé que en otros tiempos los taxis eran bombas»
«Qué son estos versos en la altivez de los gallinazos?

Ludwig Saavedra

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MÁS JULIO BARCO EN LA RED!!!

(1) Lea Sistema Operativo (SO) la nueva antología de Julio Barco hecha en Colombia
(2) Lea su web personal 
(3) Lea una reseña de Arder (gramática de los dientes de león)

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